El movimiento artístico del Cubismo: Cuando las formas cobran vida

Inevitablemente, los paradigmas en las ciencias y las artes están para siempre ser superados en algún punto, desgastándose de manera progresiva y viéndose rebasados por nuevas ideas, tendencias y estilos que llegan para quedarse. Un ejemplo claro es el Cubismo; cúspide de la revolución artística que hundió de manera definitiva los conceptos obsoletos del Renacimiento.

En detalle, el Cubismo fue un movimiento artístico de principios del Siglo XX, específicamente entre los años de 1910 y 1920, el cual nació en Francia y fue impulsado principalmente por los artistas Pablo Picasso, Georges Brague, Jean Metzinger y Juan Gris.

De hecho, la importancia principal del Cubismo radica en que fue una tendencia esencial en el mundo del arte, ya que propició e influenció un sin números de corrientes y movimientos vanguardistas de la época, dejando atrás completamente a la tendencia renacentista. Así, el Cubismo marcó la ruptura completa de la pintura tradicional, dando paso a la innovación.

Las pinturas bajo la visión del Cubismo

Ahora, el término Cubismo nos habla bastante de lo que se propone la tendencia en cuanto a la expresión artística; los cubos, y es que las obras bajo esta visión pintoresca enseñan la realidad en pequeños o grandes dados, líneas rectas, figuras geométricas, entre otras cualidades.

En cuanto al color, en un principio las obras del Cubismo realizadas por Picasso y Brague eran completamente monocromáticas, expresando las ideas en blanco y negro o gris, siendo completamente antagónico en relación directa con tendencias como el impresionismo, o también el Romanticismo.

También, uno de los rasgos más importantes de las obras basadas en el Cubismo es la búsqueda del artista en hacer perder la perspectiva tradicional; es decir, no dando una clara en sí, o regalando múltiples de ellas para que el observador escoja de acuerdo a su percepción.

De hecho, la sensación de profundidad es nula y la supresión de detalles es marcada, siendo una idea en sí. Es decir, las obras relacionadas con esta tendencia son de muy difícil comprensión, debido a la pérdida de perspectiva y detalles, pero que abre un abanico de interpretación mucho más grande.

Por otro lado, la obra inicial o primera pintura de arte cubista se considera Las señoritas de Avignon de Pablo Picasso, teniendo todas las cualidades propias antes mencionadas. De la misma manera, se considera que el Cubismo tuvo dos etapas; siendo la primera el analítico o monocromático, mientras que la segunda fue el sintético o colorido, con tonos verdes y marrones.

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